Post-nos: otro blog de Rosario Curiel

Anotaciones no marginales sobre el mundo en que vivimos

Archivo para octubre 28th, 2009

Retos para supervivientes

con 2 comentarios

Busco inútilmente alguna noticia que me hable de manera directa al corazón. Pobre víscera: se mantiene al día a base de imputs y outputs y no acaba de saber muy bien qué hacer conmigo.

Quien dice corazón quiere decir cerebro. Nunca tuve muy claro eso de las proporciones.

Pues bien. Se supone que empiezo el día, preparada para la lucha de cada día, que no tiene nada que ver con ir a guarecerse de las bombas, sino con ir a ganarse el sustento y cumplir buenamente lo que toca.

Sólo tengo un problema: no me conformo con ganarme el sustento y cumplir (buena o malamente) lo que toca. Pertenezco a una especie relativamente estúpida: la de las personas que siempre acaban complicándose la vida. Y tengo una cierta tendencia, por consiguiente, a complicarme la vida. Demasiadas cosas por hacer, demasiados pensamientos para un solo minuto.

Cuando estoy aquí quiero estar allí, etcétera. Algo muy propio de nuestra sociedad, me temo.

Pero a lo que iba.

Hoy, sin ir más lejos, he ojeado y hojeado febrilmente los periódicos. Es algo que suelo hacer, algo parecido a un ritual, que es perfecto si, además, hay calma y una buena taza de café por delante. Algún día debería escribir sobre por qué el periódico y el café son extrañamente amigos. Supongo que tendrá que ver con la pausa y el lujo de lo cotidiano.

Iba a por los periódicos. Debo reconocer que he mirado (más que leído) muchos. No los citaré, no vaya a ser que alguien se enfade.

No me gusta enfadarme con la gente, ni que la gente se enfade conmigo.

Pero resulta que, de todo lo que he leído, lo único que de verdad me ha interesado era algo sobre el objeto más lejano del universo. Supongo que alguien debería recordar que el ser humano es una criatura que se obsesiona fácilmente, y que deberían, por ello, escribir periódicos que hicieran volar. Por ejemplo, al Universo. Al resto del Universo.

De tanta lectura, de tanto imput, output y outlet de ideas, me he quedado sin nada. Con la sensación de ser una absoluta maraña en el lugar más pequeño del Universo.

Y he pensado: lo que leemos hoy en día en un solo diario sobrepasa los conocimientos de un hombre del Renacimiento.

(Debo decir que, de momento, no tengo constancia de que nada esté renaciendo)

He sido consciente de que hoy en día se buscan superhombres capaces de llevar el peso del día a día. Y supermujeres, claro.

Seres superiores. Capaces de estar al día, de tener opinión. De resolver los apuros económicos de la crisis, conocer los últimos resultados futbolísticos, flogísticos y espasmolíticos de la sociedad.

De acuerdo, lo confieso: soy infrahumana.

En el mundo en el que se domina la técnica de la aviación a reacción, los nanorrobots, los robots buscadores por Internet, las realidades virtuales y los precios del pan, ser es, hoy, ser superviviente.

Supervivientes del día a día: del estrés, el cansancio y los virus otoñales-invernales-infernales.

Porque hay que tener humor para levantarse cada día, pero nos levantamos.

Porque hay que tener humor para sonreír a los demás y decir que vale, que todo va bien. ¿Cómo estás, cómo va todo?, nos pregunta un antiguo conocido al que por casualidad nos encontramos en la calle. A ver quién tiene la moral de decirle que muy mal o medianamente bien y que tenemos prisa, porque hay que ir a buscar a los niños al colegio, hacer la compra y consultar compulsivamente los extractos del banco mientras cruzamos los dedos y rezamos a San Dinero que tenga a bien no dejarnos sin aliento a base de números rojos.

Y así vamos todos los seres no sobrehumanos de esta galaxia (que, si no voy mal informada, somos todos), sobreviviendo, sobrenadando entre los restos del día. Entre lo que queda del día. Pensando y medio intentando sonreír a la espera de que mañana (siempre mañana) sea un día mejor.

Me temo que hay que volver. No plantearse: Esto no lo superamos. Refundarnos. Sí, como si fuéramos una ciudad. Se puede conjugar el verbo refundarse: yo me refundo, tú te… refundes. Porque para nuevas fundaciones, para nuevos comienzos, hacen falta esfuerzos en común. Recuperar la arqueología de las emociones profundas, de los extraños sortilegios que se producen cuando las personas olvidan que no hay tiempo y excavan una brecha en el tiempo para saludar de verdad y preguntar, a la vez, cómo estás, cómo va todo. Porque aunque nos mientan, los ojos humanos nunca mienten: y si vemos algo en los ojos de los demás, los demás llegarán a ver algo en los nuestros. A lo mejor no nos interesa, a lo mejor (a lo peor) no les interesa, pero, en cualquier caso, el gran reto para los supervivientes del día a día, del golpe a golpe (de vida), es saber entender que siempre hay muchos más como nosotros.

Escrito por Rosario Curiel

octubre 28, 2009 a 9:29 pm

Escrito en Re-flexiones

Seguir

Get every new post delivered to your Inbox.