Post-nos: otro blog de Rosario Curiel

Anotaciones no marginales sobre el mundo en que vivimos

Hay que tener fe

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Es algo que nos repetían nuestros mayores, los que pasaron una guerra y no pocas precariedades. Es algo que me repite mucha gente a quien agradezco que me repita machaconamente que hay que tener fe.

Efectivamente, el panorama es desolador: crisis. No sólo económica: también moral, ética, pongan aquí el adjetivo que quieran. Una crisis profunda que es, en realidad, una revisión de nuestro modelo humano y no sólo cultural (¿cuál es el adjetivo de nuestra cultura, realmente, en estos tiempos de globalización?).

Leemos cada día acerca del paro y los recortes, acerca de cómo nadie quiere arrostrar sus responsabilidades en tantos campos que, por no citarlos, me siento perogrulla escribiendo esto aquí.

Voy a citar sólo algo tan trascendente como tonto, por quedarme en los aledaños de algo que me incumbe: en estos tiempos (de crisis, claro), el 95 % de las personas que escriben (ya no sé si hablar de escritores, ellos y ellas) vive en la miseria y la marginación editorial frente a los poquísimos que, dicen, se forran gracias a las superventas de sus libros ultrapromocionados. Se nos dice por doquier a los escritores de a pie (aquellos que no ganamos para vivir de la escritura, o que no ganamos nada en absoluto con ella) que, para el tiempo que cuesta escribir algo digno (horas y horas de sinvivir más allá de las palabras que a veces se nos retuercen por dentro) y lo poco que se nos reconoce (corrijo: lo “nada”), más vale dejar de escribir. “¿Perdón?”, me digo a mí misma cada vez que leo algo semejante.

Es cierto que nuestro hemisferio izquierdo, el de la lógica, el que nos procura una buena dosis de angustia mientras temblamos por ver si, efectivamente, llegamos a fin de mes o nos estrellamos en el intento, el de la lógica, digo, nos advierte de que no vale la pena escribir, esforzarse, para nada. Este pensamiento ocupa bastante tiempo en mi cerebro y en el de otra mucha gente, creo yo. Pero cuando me digo esto, antes de que me dé cuenta ya estoy escribiendo.

Lo siento, me temo que escribir es una grave enfermedad que sólo se cura con la muerte. Ay, casualidad: como todo en este mundo. Hay que tener fe, me dice poca gente ya (agostada ya por el vocabulario crítico-apocalíptico), y hay que tener fe, me digo a veces, cuando en realidad lo que hay que tener es coraje. Sí, señor, señora, chico, chica o quien sea que esté leyendo esto ahora. Hay que tener coraje. Valor. Virtud. Virtus, en el sentido romano del término.

Nadie edificó imperios desde la desesperanza. Por supuesto, yo no pretendo ser tan ilusa como para imaginar que con esperanza, con coraje, con fe, con valor, con virtus, vaya una a edificar nada. Pero es que tampoco lo pretendo. Eso lo dejo para los grandes héroes de nuestro tiempo, entre quienes, a mi parecer, no me cuento.

Yo opto por algo más sencillo, más humilde: vivir con arreglo a mi esencia. Y mi esencia, lamentablemente (o no), me pide escribir, escribir (y por supuesto leer) sin descanso. O descansando lo justo para vivir más allá del Escrivivir. Si en el camino consigo algo más o no ya lo dejo al ancho campo de la incertidumbre. Pero, por favor, dejen los que ya están viviendo de ello, dejen de decirnos a los pobres escritorzuelos de a pie que no vale la pena lo que hacemos. Es como si nos dijeran que no merece la pena vivir. Por favor, cállense. Si en el camino consiguen que algunos a quienes les importa escribir sólo por la cuestión económica dejen de hacerlo, tendrán ustedes unos cuantos adversarios menos. Si por el camino destrozan ustedes a aquellos (que los hay) que ya están suficientemente deprimidos y desesperados porque hoy no hay manera de publicar en condiciones si no tienes determinadas condiciones, caiga sobre ustedes la ira de las Musas (porque no tengo a nadie más a mano).

Todo el mundo sabe que, hoy en día, escritores como Kafka, Musil o Proust seguirían inéditos, criando polvo en cualquier estantería. Bien, estamos en un mundo en el que mandan demasiado las leyes de determinado mercado: son las leyes del juego, de acuerdo. Si no cumples con determinadas modas no te comes un rosco editorial a no ser que seas un genio.

Bien, ya lo sabemos. La cosa está mal. Pero hagan el favor, cállense la… s letras. O no. Sigan vociferando. Da igual. Porque es inevitable: mientras una legión de agoreros siga diciendo que el oficio de escritor no tiene futuro, etc, etc y blabablablá otra legión de manos en la sombra estará sangriletreando.

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Escrito por Rosario Curiel

junio 25, 2010 a 1:12 pm

Escrito en Re-flexiones

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